


Día Nacional del Mate: historia, origen y por qué se celebra el 30 de noviembre
Nacionales30/11/2025
El Que Calla Otorga


Arraigado en la vida cotidiana, el mate atraviesa generaciones, regiones y momentos de la historia argentina. Su consumo, heredado de los pueblos originarios, sostiene un ritual social que hoy sigue siendo sinónimo de encuentro, identidad y tradición compartida.
Desde el norte hasta el sur de la Argentina, el mate es mucho más que una bebida. Es una costumbre que atraviesa edades, clases sociales y regiones. Se comparte en rondas familiares, en reuniones de amigos, en la escuela, en el trabajo o en soledad, como compañía diaria.


El mate es identidad, es pausa, es charla, es encuentro. Con su sabor amargo, su preparación ritual y su carga simbólica, se transformó en uno de los emblemas más fuertes de la cultura nacional. Hoy, 30 de noviembre, esa tradición se celebra oficialmente en todo el país.
La fecha invita a rendir homenaje a una costumbre milenaria que atraviesa la vida cotidiana de millones de argentinos. El Día Nacional del Mate reconoce no solo una bebida, sino un modo de vincularse, de compartir y de construir comunidad.
En cada cebada se reproduce un gesto ancestral que se transmite de generación en generación. Un mate pasa de mano en mano y con él circulan conversaciones, silencios, afectos y hasta acuerdos. Es un rito sencillo, pero profundamente identitario.
El mate acompaña jornadas de estudio, largas horas de trabajo, viajes interminables y tardes de descanso. Está presente en el campo y en las grandes ciudades, en el hogar y en la plaza, en el amanecer y en la noche.
No distingue edades. Jóvenes, adultos y mayores lo consumen a diario. Cada uno con su estilo, su temperatura ideal del agua, su tipo de yerba preferido y su propio modo de cebar.
En ese entramado cultural tan cotidiano se sostiene una tradición que hoy tiene su día propio en el calendario nacional. Una fecha que invita a mirar con otros ojos un hábito que parece simple, pero encierra una profunda historia.
La ronda de mates, un ritual cotidiano que simboliza encuentro y amistad.Por qué el 30 de noviembre es el Día Nacional del Mate
El 30 de noviembre fue instituido oficialmente como Día Nacional del Mate en el año 2015, a partir de una ley sancionada por el Congreso de la Nación. La norma buscó reconocer el valor cultural, social y económico de esta infusión en la vida de los argentinos.
La elección de la fecha no fue casual. Coincide con el aniversario de la creación de la Asociación de Productores de Yerba Mate, fundada el 30 de noviembre de 1967. La APYM fue clave para el desarrollo del sector yerbatero.
Desde entonces, cada año se celebra esta jornada como forma de poner en valor una economía regional que genera miles de puestos de trabajo y una costumbre que identifica al país dentro y fuera de sus fronteras.
El Día Nacional del Mate se convirtió así en una fecha para homenajear tanto a los consumidores como a quienes hacen posible que la yerba llegue a cada mesa argentina.
El origen ancestral de una infusión que cruzó siglos
El mate tiene raíces profundas en los pueblos originarios del noreste argentino, especialmente entre los guaraníes. Fueron ellos quienes descubrieron las propiedades estimulantes de la planta conocida como Ilex paraguariensis.
Las hojas de esta planta eran utilizadas para preparar una infusión que se consumía en recipientes naturales, especialmente en calabazas. El mate no era solo bebida, sino también elemento sagrado, presente en rituales y ceremonias comunitarias.
La yerba mate se cultiva principalmente en Misiones y Corrientes.Para los pueblos originarios, el consumo de mate tenía un valor espiritual y social. Compartirlo significaba fortalecer lazos, sellar acuerdos y celebrar encuentros. Esa lógica comunitaria aún se mantiene viva en cada ronda actual.
Con la llegada de los colonizadores españoles en el siglo XVI, la costumbre del mate se expandió por el territorio. Los primeros europeos que adoptaron su consumo fueron los misioneros jesuitas.
Los jesuitas reconocieron rápidamente las propiedades energizantes y medicinales de la yerba mate y comenzaron a sistematizar su cultivo en reducciones y misiones. De allí surgió gran parte del desarrollo productivo posterior.
Con el tiempo, el mate se extendió por gran parte del Cono Sur. Hoy es una bebida característica no solo de la Argentina, sino también de países como Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.
Los jesuitas reconocieron las propiedades energizantes y medicinales de la yerba mate.Cada nación adoptó su propio estilo de consumo, con temperaturas, preparaciones y rituales diferentes, aunque el espíritu de compartir se mantiene como rasgo común.
El ritual del mate y su preparación tradicional
El mate no es solo una bebida, es un ritual. Cada paso de su preparación encierra una práctica transmitida de generación en generación, con pequeñas variaciones según la región y el gusto personal.
Todo comienza con la elección de la yerba. Existen yerbas tradicionales con palo, despaladas, saborizadas y compuestas con hierbas. Cada cebador elige según su preferencia y la de quienes integran la ronda.
Luego se llena el mate hasta aproximadamente dos tercios de su capacidad. El recipiente puede ser de calabaza, de madera, de cerámica o de materiales modernos, aunque los más tradicionales siguen siendo los naturales.
El cebador inclina la yerba en un ángulo de unos 45 grados para formar una pared interna. En la parte más baja se vierte un poco de agua tibia, sin hervir, para humedecer la yerba y evitar que se queme.
El mate no es solo una bebida, es un ritual.Después se coloca la bombilla con cuidado, procurando que el filtro quede bien sumergido. A partir de allí se comienza a cebar con agua caliente, idealmente entre 70 y 80 grados.
El mate se toma de a uno. Cada persona bebe hasta vaciarlo y lo devuelve al cebador, que vuelve a cargarlo. La ronda continúa hasta que la yerba se “lava” y pierde sabor.
El gesto de compartir no se negocia. El mate no se agradece hasta que uno ya no quiere seguir tomando. Son códigos tácitos que ordenan la ronda y reflejan una cultura propia.
En oficinas, hogares, aulas y plazas, el mate organiza tiempos y genera encuentros. Es excusa para conversar, para acompañar, para hacer una pausa en medio de la rutina.
Hoy, en el Día Nacional del Mate, ese ritual se multiplica en cada rincón del país. Miles de cebadores repiten el gesto ancestral sin necesidad de saber que están reproduciendo una costumbre milenaria.
Porque el mate es eso: una tradición viva, que se adapta a los tiempos, a los nuevos recipientes, a los termos de acero, a los viajes y a las redes sociales, pero que conserva su esencia.
Este 30 de noviembre es una oportunidad para detenerse un momento, cebar un mate y reconocer en ese acto cotidiano una parte profunda de la identidad argentina.




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