
Tras el 1-1 de la ida y con un penal en contra sobre la hora, el Pincha se impuso ante Corinthians y se metió entre los mejores cuatro del continente.
Diario Olé
¡Pero cómo no va a pesar la historia en un partido de Copa Libertadores! ¡Pero cómo le van a explicar a los hinchas de Estudiantes que los referentes, los que pueden bajar el mensaje que de generación en generación fue pasando hasta ser un libro oral, tienen fecha de vencimiento! Otra vez, como tantas veces en su recorrido glorioso por el trofeo que todos quieren tener de este lado del mundo, el Pincha escribió una página de oro y le ganó 1 a 0 a domicilio a Corinthians, para meterse en las semifinales y empezar a soñar en serio con la quinta conquista.

El inicio del segundo tiempo del partido reflejó lo que habrá sido la charla técnica del Cacique Medina en el vestuario visitante durante el entretiempo. Es que el Pincha venía de ser más que su rival, con el marco impresionante del Neo Química Arena casi como único diferencial entre un equipo normal que podría estar deambulando en la mediocridad del fútbol argentino y el pretencioso plantel que tenía al holandés Menphis Depay como máximo exponente. Lo tenía, cabe aclararlo, porque el penal que casi saca del estadio en el minuto 95 no le puede dar mucho lugar a seguir teniendo oportunidades en el club brasileño.
Las claves de esa superioridad -como suele pasar en suelo brasileño para un equipo que cruza fronteras- radicaban fundamentalmente en el oficio de muchos de sus jugadores. Y no es un mero análisis basado en la mística, porque que el ya referente Eros Mancuso exagere una falta en la mitad de la cancha a los dos minutos de juego es una muestra gratis de la famosa escuela. También puede leerse como manejo de los tiempos del partido lo que aguantó y manejó en ataque Guido Carrillo, lejos de haber generado peligro pero astuto para todo lo demás. Bien acompañado en esa materia, Joaquín Correa (hasta que se desgarró promediando el complemento) y Alexis Castro pusieron toda su jerarquía al servicio del equipo.
No eran sólo esas, sin embargo, las credenciales que mostraba Estudiantes en los 60 minutos en los que fue mucho más que los locales. Porque Joaquín Tobio Burgos y el central improvisado en lateral Tomás Palacios fueron solidarios y le agregaron juego y atrevimiento a la banda izquierda del ataque, sólo por seguir citando nombres propios de un trabajo colectivo más que satisfactorio y hasta sorprendente por el ondulante camino que trajo al equipo de Medina hasta este punto.
Lo que estaba en juego era un pase a meterse entre los cuatro mejores del continente, y el formulario lo tenía lleno el Pincha por todos lados, casi sin que su rival se animara a discutírselo. Por lógica, entre la obligación del local y el cansancio y la frustración de no haber podido abrir el marcador, Estudiantes pasó alguna zozobra en los minutos anteriores y posteriores a la pausa de hidratación. Pero el partido siguió la tendencia incluso después de los cambios que decidió el Cacique, refrescando el medio y el ataque y renovando las fuerzas para el final.
Tal vez viendo que no había demasiada resistencia, o tal vez sintiendo el mandato histórico que bien podría estar sobrevolando el imponente y europeo estadio, ese último impulso animó a Estudiantes a ganarlo en los 90. Y esta vez sí le funcionó, gracias a la corajeada del pibe Palacios, su centro atrás preciso y la volea perfecta de zurda de Alexis Castro para desatar la locura de la esquina pincharrata que deliraba mientras los protagonistas les ofrendaban a metros de la tribuna el tanto de la victoria.
Una victoria a la que le faltaba un pequeño condimento épico, como para que Corinthians justifique su presencia en un partido en el que no estuvo. Eso acaso haya significado el penal que tuvo para empatar en el descuento. Y que elevó el grito final por el tiro desviado de Menphis. El tiro del final, que no fue para matar al Pincha sino todo lo contrario: para dejarlo bien vivo. Y soñando con volver a lo más alto del continente.





